Quevedo, Francisco de - Gracias y desgracias del ojo del culo

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Quevedo, Francisco de - Gracias y desgracias del ojo del culo

Notapor JuanDeLezo » 08 Sep 2016, 10:57

Gracias y desgracias del ojo del culo

Quevedo, Francisco de
Título: Gracias y desgracias del ojo del culo
Autor: Quevedo, Francisco de
UUID: ac047e27-6346-4ce9-ba97-1b2b1ee01823
Primera edición: 1628
Recomendado por: JuanDeLezo

Una auténtica maravilla, un verdadero alegato contra el eufemismo, tan de moda hoy en día.
Quien tanto se precia de servidor de vuesa merced, ¿qué le podrá ofrecer sino cosas del culo? Aunque vuesa merced le tiene tal, que nos lo puede prestar a todos. Si este tratado le pareciere de entretenimiento, léale y pásele muy despacio y a raíz del paladar. Si le pareciere sucio, límpiese con él, y béseme muy apretadamente.

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Re: Quevedo, Francisco de - Gracias y desgracias del ojo del culo

Notapor JuanDeLezo » 08 Sep 2016, 11:01

Dedico aqueste libro a esos maravillosos políticos españoles y antiespañoles de España en general y a algunos en particular, ya que lejos de convertirse en cabezas visibles del pueblo, se han convertido en bien visibles agujeros del culo del sufrido mencionado pueblo.
Va por ell@s.

“Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir.”
Francisco de Quevedo



Gracias y desgracias del ojo del culo, dirigidas a Doña Juana Mucha, montón de carne, mujer gorda por arrobas
Escribiólas Juan Lamas, el del camisón cagado



Quien tanto se precia de servidor de vuesa merced, ¿qué le podrá ofrecer sino cosas del culo? Aunque vuesa merced le tiene tal, que nos lo puede prestar a todos. Si este tratado le pareciere de entretenimiento, léale y pásele muy despacio y a raíz del paladar. Si le pareciere sucio, límpiese con él, y béseme muy apretadamente. De mi celda, etc (En un manuscrito la "Dedicatoria" está firmada por un tal Maestro Caganchas.) .



No se espantarán de que el culo sea tan desgraciado los que supieren que todas las cosas aventajadas en nobleza y virtud, corren esta fortuna de ser despreciadas della, y él en particular por tener más imperio y veneración que los demás miembros del cuerpo; mirado bien es el más perfecto y bien colocado dél, y más favorecido de la Naturaleza, pues su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodíaco como ella. Su sitio es en medio como el del sol; su tacto es blando; tiene un solo ojo, por lo cual algunos le han querido llamar tuerto, y si bien miramos, por esto debe ser alabado pues, se parece a los cíclopes, que tenían un solo ojo y descendían de los dioses del ver. El no tener más de un ojo es falta de amor poderoso, fuera de que el ojo del culo por su mucha gravedad y autoridad no consiente niña (Dilogia entre niña: ramera y pupila del ojo.) ; y bien mirado es más de ver que los ojos de la cara, que aunque no es tan claro tiene más hechura. Si no, miren los de la cara, sin una labor (labor: ornamento.) ; tan llanos que no tienen primor alguno, como el ojo del culo, de pliegues lleno y de molduras, repulgo y dobladillos, y con una ceja que puede ser cola de algún matalote (matalote: se aplica a caballería muy flaca, trotona y de mal paso.) , o barba de letrado o médico. Y así, como cosa tan necesaria, preciosa y hermosa, lo traemos tan guardado y en lo más seguro del cuerpo, pringado entre dos murallas de nalgas, amortajado en una camisa, envuelto en unos dominguillos (dominguillos: cierta figura de soldado desarrapado, hecho de andrajos y embutido en paja, al cual ponen en la plaza con una lancilla o garrocha para que el toro se cebe en él y levante los cuernos peloteándole.) , envainado en unos gregüescos (greguescos: especie de calzones muy anchos.) , abahado (abahado: calentado o recocido con el vaho.) en una capa, y por eso se dijo: «Bésame donde no me da el sol». Y no los de la cara, que no hay paja que no los haga caballeriza, ni polvo que no los enturbie, ni relámpago que no los ciegue, ni palo que no los tape, ni caída que no los atormente, ni mal ni tristeza que no los enternezca. Lléguense al reverendo ojo del culo, que se deja tratar y manosear tan familiarmente de toda basura y elemento ni más ni menos; demás de que hablaremos que es más necesario el ojo del culo solo que los de la cara; por cuanto uno sin ojos en ella puede vivir, pero sin ojo del culo ni pasar ni vivir.
Lo otro sábese que ha habido muchos filósofos y anacoretas que, para vivir en castidad, se sacaban los ojos (En la edición de García Valdés se cita a Covarrubias, S., Tesoro de la lengua española: en la que se asegura que «Algunos (filósofos) se privaron ellos mesmos de la vista, para mejor contemplar las cosas espirituales y divinas, como se cuenta de Demócrito». Aunque ciertamente Demócrito fue ciego y no parecía dolerse de semejante estado, sino todo lo contrario; no hemos encontrado fragmento alguno ni testimonio que indique que él mismo se provocó su ceguera.) de la cara, porque comúnmente ellos y los buenos cristianos los llaman ventanas del alma, por donde ella bebe el veneno de los vicios. Por ellos hay enamorados, incestos, estupros, muertes, adulterios, iras y robos. Pero ¿cuándo por el pacífico y virtuoso ojo del culo hubo escándalo en el mundo, inquietud ni guerra? ¿Cuándo, por él, ningún cristiano no aprendió oraciones, anduvo con sinfonías, se arrimó a báculo ni siguió a otro (Lo anterior referido a que los ciegos rezaban oraciones, cantaban, tenían bastón o los guiaba un lazarillo.) , como se ve cada día por falta de los de la cara que expuestos a toda ventisca e inclemencia, de leer, de fornicar, de una purga, de una sangría, le dejan a un cristiano a buenas noches? Pruébenle al ojo del culo que ha muerto muchachos, caballos, perros, etcétera; que ha marchitado hierbas y flores, como lo hacen los de la cara, mirando lo ponzoñosos que son: por lo que dicen que hay mal de ojo. ¿Cuándo se habrá visto que por ser testigo de vista hayan ahorcado a nadie por él, como por los de la cara, que con decir que lo vieron forman sus calumnias los escribanos? Fuera de que el ojo del culo es uno y tan absoluto su poder, que puede más que los de la cara juntos. ¿Cuándo se ha visto que en las irregularidades se metan con el ojo del culo?
Lo otro, su vecindad, es sin comparación mejor, pues anda siempre, en hombres y mujeres, vecino de los miembros genitales (Se refiere a genital en tanto génesis, es decir en tanto órganos creadores.) y así se prueba que es bueno, según aquel refrán: Dime con quien andas, te diré quien eres. Él se acredita mejor con la vecindad y compañía que tiene que no los ojos de la cara, pues éstos son vecinos de los piojos y caspa de la cabeza y de la cera de los oídos, cosa que dice claro la ventaja que les hace el serenísimo ojo del culo. Y si queremos subtilizar (Subtilizar: discurrir ingeniosamente o con profundidad.) más esta consideración, veremos que en los ojos de la cara suele haber por mil leves accidentes, telillas, cataratas, nubes y otros muchos males; mas en el del culo nunca hubo nubes, que siempre está raso y sereno; que, cuando mucho, suele atronar, y eso es cosa de risa y pasatiempo. Pues decir que no es miembro que da gusto a las gentes, pregúnteselo a uno que con gana desbucha, que él dirá lo que el común proverbio, que, para encarecer que quería a uno sobremanera, dijo: «Más te quiero que a una buena gana de cagar». Y el otro portugués, que adelantó más esta materia, dijo: «Que no había en el mundo gusto como el cagar si tuviera besos». Pues ¿qué diremos si probamos este punto con un texto del filósofo que dijo:

No hay contento en esta vida
que se pueda comparar
al contento que es cagar.

Otro dijo lo descansado que quedaba el cuerpo después de haber cagado.

No hay gusto más descansado
que después de haber cagado.

Los nombres que tiene juzgarán que no tiene misterio. ¡Bueno es eso! Dícese trasero, porque lleva como sirvientes a todos los miembros del cuerpo delante de sí, y tiene sobre ellos particular señorío. Culo, voz tan bien compuesta, que lleva tras sí la boca del que le nombra. Y ha habido quien le ha puesto nombre gravísimo y latino, llamándole antífonas (Antífona: (versículo que se reza o canta en el Oficio Divino) es voz griega que vale tanto como voz recíproca, porque la alternan en los coros cuando cantan.) o nalgas, por ser dos; otros, más propiamente, le llaman asentaderas, algunos, trancailo, y no he podido ajustar por muchos libros que he revuelto para sacar la etimología; lo más que he hallado es que se ha de decir tancahigo, por lo arrugado y pasado que siempre está.
Con más facilidad topé por qué se decía al lindo ojo del culo «manojo de llaves»: por lo redondo del cabo y muchas molduras que hacen aquel mismo repulgo, y viene bien con los que llaman cofre al culo, que es darle cerradura; y en los animales vemos que la Naturaleza les cubre el culo con la cola o rabo, para que como parte más necesaria y secreta, estuviera acompañado, tapado y abrigado, y con mosqueador para de verano, y en las aves lo mismo. Si miramos su ocupación, es hacer lo que ninguno nunca hizo ni pudo: pues en este mundo todos hemos menester a otros para ser proveídos: el alguacil al corregidor, el corregidor al oidor, el oidor al presidente, el presidente al rey. Pero el culo se provee a sí mismo y aun en el presidente, servidor por otro nombre (que así llaman al bacín), cosa equívoca a los derretidos de las damas.
El culo no tiene cosa común, ni aunque me pruebes que hace cámaras, a imitación de otros muchos, pues lo que él hace son mojones, que son fin de términos, para dar a entender que en llegando al culo no has de pasar adelante.
Háceme fuerza que en las almonedas dicen: «¿Hay quién puje?»; que ni sé si convidan a cagar (propiamente entonces, pujar) o si a comprar; con que es cierto que tiene grandes preeminencias, cuando se valen de sus voces para otras cosas. Hasta los excrementos o mierda (pasa adelante, porque no te empalagues con tan dulce plato) son de provecho, pues según defienden los doctores galenistas y boticarios droguistas, son buenos para desligar Cárdeno y Alberto los del lagarto para los ojos; los de bestias, que llaman estiércol, es con lo que se fertilizan los campos, y a quien debemos los frutos; la del gato de Algalia, no hay que probar ni examinar cuánto es su valor y estimación; la mierda del buey, o boñiga, para inmensos remedios es provechosa. Esto probado y asentado, ¿habrá curioso alguno que diga que los ojos de la cara tienen alguna virtud? Luego el ojo del culo, él por sí solo, es mejor y de más provecho que los ojos de la cara.
Lo que dicen del culo (los que tiene ojeriza con él) es que pee y caga, cosa que no hacen los ojos de la cara; y no advierten lo cuitados que más y peor cagan los ojos de la cara y peen que no el del culo, pues en ellos no hay sumo que no lo caguen en cantidad de legañas, ni pesadilla o susto que no meen con abundancia de lágrimas, y esto sin ser de provecho, como lo que echa el culo, como ya queda probado.
Lo del pedo es verdad que no lo sueltan los ojos; pero se ha de advertir que el pedo antes hace al trasero digno de laudatoria que indigno de ella. Y, para prueba desta verdad, digo que de suyo es cosa alegre, pues donde quiera que se suelta anda la risa y la chacota, y se hunde la casa, poniendo los inocentes sus manos en figura de arrancarse las narices, y mirándose unos a otros, como matachines. Es tan importante su expulsión para la salud, que en soltarle está el tenerla. Y así, mandan los doctores que no les detengan, y por esto Claudio César, emperador romano, promulgó un edicto mandando a todos, pena de la vida, que (aunque estuviesen comiendo con él) no detuviesen el pedo, conociendo lo importante que era para la salud. Otros dijeron que lo había hecho por particular respeto que se debe al señor ojo del culo.
Pues decir que no es bullicioso un pedo, ¡bueno es eso! ¿Hay otra cosa de más gusto que ver en un concurso grande, si se suelta uno, el rumor que mete y qué agudos acuden todos a taparse las narices, como está dicho, y otros que más lo huelen, haciendo la disimulada toman tabaco?
Y es probable que llega a tanto el valor de un pedo, que es prueba de amor; pues hasta que dos se han peído en la cama, no tengo por acertado el amancebamiento; también declara amistad, pues los señores no cagan ni se peen, sino delante de los de casa y amigos. Y un portugués preguntando cuál era la parte principal del cuerpo dijo que el culo, que se asentaba primero que nadie y aunque fuese delante del rey.
Los nombres del pedo son varios: cuál le llama «soltó un preso», haciendo al culo alcaide; otros dicen: «fuésele una pluma», como si el culo estuviera pelando perdices; otros dicen: «tómate ese tostón», como si el culo fuera garbanzal. Otros dicen algo crítico: «cuesco», derivado de la enigma; y otros han dicho: «Entre peña y peña el alba, río que suena». De aquí se levantó aquel refrán que dice: «Entre dos peñas feroces, un fraile daba voces». Y finalmente, dijo el otro: «El señor don Argamasilla cuando sale chilla».
Baste ya de probanzas de la nobleza del señor don Pedo y pase por ahora plaza de don caballero que porque no digan me revuelco demasiado no le acoto con otros muchos lugares y autoridades.
Dejo de tratar de los pedos degollados, si bien con esto conocerán de su hidalguía y caballería y grandeza que tiene el culo en este caso. Pues su fortaleza ¿quién la encarecerá?, si es tanta, que de sólo limpiarse con un paño delgado se deja de modo por las dos partes, que es más difícil de tomar que la inclusa (Inclusa: «casa u hospital donde se recogen y crían los niños expósitos»; no andaría sobrada de limpieza, dada la edad de sus moradores, que harían sus necesidades donde les venía en gana.) .
Y, volviendo a los demás sentidos, digo que lo que se queda en el pañuelo de la boca es gargajo, y lo de las narices moco, y lo de los ojos legañas, y lo de los oídos cera; pero lo que queda del culo en la camisa es palomino (Dilogia de palominos: «aquellas manchas de excremento que suelen quedar en las camisas» y «pollos de la paloma».) , nombre de ave muy regalada. Fuera de que los ojos no tienen cosa señalada con que limpiarse; que a veces piden el pañuelo prestado a las narices y a la boca, y otras se limpian con las manos, y al mismo tenor los otros sentidos. Mas volviendo al culo, ¡qué de firmas de grandes señores ha iluminado! ¡Qué papeles de los más íntimos amigos no ha visto! ¡Qué de libros de los hombres más doctos ha gastado! ¡Qué de billetes de damas ha firmado! ¡Qué de procesos importantes ha manchado! y ¡qué de camisas de Cambray y Holanda ha teñido! Y al fin le han servido de limpiadera las mejores y más hermosas manos del mundo, según aquél: la mano de marfil es muy forzoso que al culo de su dueño haya llegado. Y lo merece todo, porque también, sin ser abeja, hace cera o cerote (Cerote: «miedo grande, con alusión poco limpia al efecto que a veces ocasiona el temor.») (que así dicen de los medrosos). Hasta las melecinas deben su ganancia al ojo, que aunque no ve, algunos dijeron que veía Fulano la luz por el ojo del culo de Zutano (En el libro manuscrito de Misceláneas del Conde de Saceda dice solamente «Fulano no ve la luz por el ojo del culo». No es fácil convencer de cuál de los dos modos está mejor, porque de uno y otro admite bellísimas interpretaciones. El primero conviene al que adula demasiado a otro; el segundo modo es propio de personas vagas y arrogantes, como suelen también decir los tales: «veo yo más por el cogote que por los dos ojos». Si ya no es que el primer modo se diga por ironía de los que son muy curiosos y apreciados por sutiles.) . Y en verdad que no es vista de invidiar.
De si tienen alguna gracia o no los culos sería largo de contar, baste decir que culos que se conocen, en la calle se saludan (Correas recoge algunas variantes: «culos conocidos, de lejos se dan silbos», «culos que una vez se juntan, de lejos se saludan», «culos conocidos a cien años son amigos»; basta saberlo por el refrán de los que se conocen que en la calle se saludan.) . Marcial dice que son saludadores (saludadores porque «saludan» y porque los saludadores tenían por oficio curar el mal de la rabia y otros mediante soplos y otras ceremonias; saludar significa también disparar cañones como cortesía u obsequio.) compressis narebus Jovem salutat, que en español quiere decir: represando las nalgas saluda a Júpiter, tratando de uno que se peió y por eso algunos le dan tanta antigüedad que dicen: ¿Qué tiene que ver el culo con el pulso? Como si dijeran de una cosa que no da cuidado ninguno y muy con verdad comparándola a otra que de cada accidente se desconcierta.
Y si nos dilatamos en esta materia será proceder infinito, sólo digo que en cuanto he hablado y ponderado del culo aunque me queda el rabo por desollar (quedar el rabo por desollar: frase vulgar que se da a entender que resta mucho que hacer en alguna cosa, y aún lo más duro y lo más difícil.) , que sus gracias son muchas y muy dignas de ponderación, como no son menores sus desgracias siguientes:

Desgracias del ojo del culo

PRIMERA DESGRACIA
Enseña un ayo (Ayo: amo. «en el Conde de Saceda dice: enseña un ayo brabonazo que está mejor que lo primero».) mugriento la lición a un descuidado niño. Encomiéndasela a la memoria y como potencia vil pásasele y jugando, olvida y en pena de lo que pecó la memoria abre el culo a azotes.

SEGUNDA
Va un estudiante un madrugón (un madrugón: «madrugada grande y muy anticipada», se llamó madrugón al huésped que robaba en la casa donde dormía marchándose antes que el casero se despertase.) a una viña, vendimia la mitad de ella, lleva un lagar en el estómago, topa con una fuente y porque se lo pide el gusto bebe hasta hartarse; pícase la sed y deshácese en cámaras (Dilogia de cámaras: «cualquier pieza de la casa» y «flujo de vientre que ocasiona obrar repetidas veces en breve tiempo, y por eso se usa en plural».) y págalo el ojo del culo.

TERCERA
El otro mesurado o engullidor miserable, por comer de balde llenó tanto el estómago que se ahitó movido del apetito y págalo el culo a puro jeringazos.

CUARTA
Tiene un mal curado enfermo modorra y porque el humor se le ha apoderado de los sentidos y los descuidos que tuvo el poco prevenido médico, lo paga el culo a puro sanguijuelas que lo sajan vivo.

QUINTA
Sábese, según doctrina de muchos filósofos, que el regüeldo es pedo malogrado y que hay algunos tan desdichados que no se les permite llegar al culo, así lo enseña Angulo que no ha acabado de salir por la boca cuando le dicen todos: «¡Vaya a una pocilga!», y cuando sale por el ojo del culo todo es aplaudido y cuando más le dicen cuerno, como otro tenía costumbre de decir cuando uno se peía «¡cuerno!, por ahí comas carne, y por la boca mierda, y papá te vea la madre que te parió porque te vea más medrado; en las sopas te lo halles como garbanzo, con esa música te entierren, sabañones y mal de gamones, coz de mula gallega, por donde salió el pedo meta el diablo el dedo, la víbora el pico, el puerco el hocico, el toro el cuerno, el león la mano, el cimborrio del Escorial y la punta de mi caracol te metan amén».

SEXTA
Da el otro extranjero en caballerear, bizarrear y servir a damas y traer mucha bambolla y fausto, falta a los negocios y pierde el crédito y lo que pecaron los miembros genitales lo paga el inocente culo. Pues al punto dicen: «Fulano ya dió de culo (dar de culo, «por dar en el suelo, por perder la hacienda.») ».

SÉPTIMA
Va el otro narciso, pisaverde a pie por la calle en tiempo de todos y por más cuidado que pone en las chinas o piedras que están descubiertas para asegurar los pies y andar de guija en guija, resbálase el pie y hace pedazos el pobre culo y de más a más se hace una plasta de todo lo que le coge de pies a cabeza.

OCTAVA
Da el otro pobre a la media noche en tiempo de invierno una correncia o evacuación de tripas y porque con la priesa que tiene no se acuerda bien hacia donde quedó el brasero o barreño de la lumbre tropieza con él y hace pedazos las piernas y el culo, cobrando con esta desgracia enfermedad para muchos días.

NONA
Tan desgraciado es el culo que hasta los animales les muerde el lobo por él y en las monas se ve que porque quieren descansar y sentarse a menudo se llenan el culo de callos y por eso han dado en decir: «Fulano tiene más callos que culo de mona».

DÉCIMA
Viene el otro picarón a sentir el calor del verano y porque yéndose a rascar la comezón de una ladilla frisona le estorbó el matarla una horrenda población de pendejos que topa hacia el culo, determina de matarlas con unas tijeras y teniendo las manos torpes y no ver lo que hace ni poder sufrir más el ser puerco abre a tijeretazos el pobre culo.

UNDÉCIMA
Viene la otra pobre casada o doncella a descubrir más de lo que fuera menester su natural inclinación de ser puta, tiene celos de ello el galán y causa cuidado al marido y por dar a entender que conocen la fragilidad y imperfección del sujeto, dicen: «de res que se mea el rabo, no hay que fiar».

DUODÉCIMA
Dale al otro una apretura en la calle o cógele en la comedia, sale con priesa a buscar dónde desbuchar, y porque no llegó tan presto a las necesarias o le embarazó algún nudo ciego (nudo ciego: «el difícil de desatar o por muy apretado o por el modo especial de enredarse.») , emplástase o embadúrnase de mierda el pobre culo.

DECIMATERCIA
Viene el otro estudiante o platicante de medicina y al ir a ordenar un medicamento a la cocina topa a la criada que se había hecho del ojo, y ella por darle gusto y apagar el fomex de la concupiscencia y titilaciones venéreas, empieza sus cernidillos y bamboleos, diviértese con el gusto y acribilla a golpes el pobre culo de escalón en escalón.

DECIMACUARTA
Vienen las Carnestolendas, alégranse las gentes en diferentes festines y por no más de antojo de muchachos o pasatiempo de hombres ociosos pagan los culos de los perros atándoles a la cola mazas (maza: «palo, hueso y otra cosa que por entretenimiento se suele poner en las Carnestoledanas atado a la cola de los perros.») diferentes.

DECIMAQUINTA
Vese el otro pobre condenado toreador de a pie embestido del toro, vuélvese para huir, túrbase o no salen los pies con presteza y por no salir ellos presto desgárrale el toro al pobre culo.

DECIMASEXTA
Va una vieja a echar una ayuda (ayuda: lavativa; se le da el nombre de ayuda tanto a la jeringa como a la medicina que va dentro: «se llama así, porque asiste y contribuye para que la naturaleza obre.») a un enfermo, ve poco, no la ha templado bien, encájasela dos dedos del culo, y dale entre las nalgas con ella, escáldale el culo que paga el pobre el descuido de la vieja borracha.

ÚLTIMA DESGRACIA
Finalmente, tan desgraciado es el culo que siendo así que todos los miembros del cuerpo se han holgado y huelgan muchas veces, los ojos de la cara gozando de lo hermoso, las narices de los buenos olores, la boca de lo bien sazonado y besando lo que ama, la lengua retozando entre los dientes, deleitándose con el reír, conversar y con ser pródiga y una vez que quiso holgar el pobre culo le quemaron (El pecado nefando se castigaba con la hoguera. «y como puto muera yo quemado.») .
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