Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

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Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor JuanDeLezo » 28 Ago 2016, 14:26

La guerra desconocida

Skorzeny, Otto
Título: La guerra desconocida
Autor: Skorzeny, Otto
ISBN: 9788473880503
Primera edición: 1976
Recomendado por: JuanDeLezo

El coronel Otto Skorzeny, a quien la leyenda ha considerado como el 'hombre más peligroso de Europa', no es únicamente el oficial alemán que se hizo célebre con la liberación de Benito Mussolini, en 1943, es, sobre todo, el autor de una nueva estrategia que revolucionó las artes militares.
A esta conclusión llegaron cuatro oficiales del Ejército aliado que estudiaron con todo detalle la actuación del coronel Otto Skorzeny y de sus 'Unidades Especiales' durante la Segunda Guerra Mundial. Los cuatro rindieron homenaje a los resultados excepcionales y sorprendentes obtenidos por el que fue algo más que un 'magnífico aventurero'.
En cualquier caso, bien puede llamarse Desconocida la guerra que Otto Skorzeny cuenta en este libro, porque él, como actor y testigo, descubre en sus memorias muchas de las incógnitas que su genio militar planteó al mundo.
Encontraremos en las conversaciones, las reflexiones, los documentos que nos confió y que hemos recogido de la manera más escrupulosa, numerosos temas de meditación. Es verdaderamente un nuevo aspecto de la Segunda Guerra mundial lo que él nos da mientras que él mismo ilustra con su acción, este pensamiento de Napoleón:
'En la guerra no son los hombres los que cuentan, es el hombre.'

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Re: Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor JuanDeLezo » 28 Ago 2016, 14:28

Héroe, villano, bocazas, sincero, cuerdo, loco, asesino, mandado o lo que sea, éste tío hizo cosas que ya me gustaría a mí imitar a mi modo: por ejemplo lanzarme en aeroplano y raptar a Nicolás Maduro para tirarle un poco de las orejas. Él se lanzó en aeroplano en lo alto de un cerro, tomó una fortaleza, arrebató a Mussolini de las manos de sus carceleros y se lo llevó a Hitler. Yo lo hubiera defenestrado y hubiera llevado una bomba a Hitler, pero, la Historia es la Historia.

Vamos a ver si alguien que he conocido viene a hablarnos un poco de él, ya que hace años tuvo la suerte de escuchar sus aventuras del mismísimo Otto Skorzeny. Un lujo sólo posible en Las Cumbres.


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Re: Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor Heathcliff » 28 Ago 2016, 14:57

Personaje de los que escasean en la historia Juan. Gracias!! :okperfect
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Re: Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor bitacora » 28 Ago 2016, 21:53

JuanDeLezo escribió:Héroe, villano, bocazas, sincero, cuerdo, loco, asesino, mandado o lo que sea, éste tío hizo cosas que ya me gustaría a mí imitar a mi modo: por ejemplo lanzarme en aeroplano y raptar a Nicolás Maduro para tirarle un poco de las orejas. Él se lanzó en aeroplano en lo alto de un cerro, tomó una fortaleza, arrebató a Mussolini de las manos de sus carceleros y se lo llevó a Hitler. Yo lo hubiera defenestrado y hubiera llevado una bomba a Hitler, pero, la Historia es la Historia.

Vamos a ver si alguien que he conocido viene a hablarnos un poco de él, ya que hace años tuvo la suerte de escuchar sus aventuras del mismísimo Otto Skorzeny. Un lujo sólo posible en Las Cumbres.


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Pues entre otras cosas, debo decir que muchas veces vi a este personaje. Era agradable de trato, y siempre sonriente y bromista. Como iba yo a imaginar con 15 o 16 años, lo que este militar había hecho en la segunda guerra mundial.
Si lo llego a saber me abría quedado ojipláico viendo sus grandes manos, sus avispados ojos y su tremenda cicatriz, que con solo verla te entraban escalofríos. Yo medía 1,80 en esa época, pero al ponerme junto a Skorzeny parecía un ser diminuto.


Otto Skorzeny en España

Aquí rescato un genial artículo escrito por Javier Tellagorri, en el que menciona la calle Montera y ahí quiero entrar yo y mi pequeña amistad, si se puede decir eso, con Otto Scorzeny
Conocí a Otto Scorzeny, pues él, trabajaba como ingeniero o al menos eso pensaba yo, en el pasaje la Montera en Madrid y era cliente del establecimiento donde yo trabajaba, ubicado en el mismo pasaje.
Muchas veces me contó como aterrizó en el Gran Sasso para liberar a Mussolini, y como al salir del Gran Sasso con él, la avioneta no tenía espacio para coger velocidad y cayeron durante un tiempo al vacío hasta que pudo coger altura.

Uno de mis jefes donde yo trabajaba, medía casi dos metros y era amigo de Skorzeny- Al entrar como cliente y hacer alguna broma con mi jefe, solía decir Otto Skorzeny, que por la mañana media 1,89 y por la noche al acostarse no llegaba al 1,87. Le preguntábamos porqué. Yo, adolescente, me figuraba que era porque al calzarse os zapatos aumentaba de estatura, Scorzeny, con guasa, decía que se levantaba muy estirado de la cama y según pasaba el día se iban asentando sus vértebras y articulaciones y por eso se acortaba su estatura.
Yo con 15 años más o menos no sabía apenas la historia del personaje y en esos años no le di importancia. Con el paso de los años averigüé las andanzas de su vida y me quedé perplejo cuando supe con quien hablaba y con quien bromeaba.
Con una cámara Polaroid, mi jefe hizo algunas fotos de él y yo salía en ellas, aunque nunca me preocupé de tener alguna, quien sabe dónde estarás ahora esas imágenes, pues han pasado ya más de cuarenta años. Esto fue en el año 1972 aproximadamente.
No entro en política, solo quiero comentar esto como un personaje histórico que fue y al que conocí.

Recuerdo que nos hicimos varias fotos en Plaza del Carmen, donde salíamos mi jefe. Scorzeny y yo, pero en esos momentos de mi vida ni me preocupé de pedir las fotos para tener alguna. Ahora con el paso de los años, ya me gustaría tener ese recuerdo.
Según me contó Skorzeny, con referencia al rescate de Mussolini, después que él y el Duce habían ocupado sus puestos en la cabina del aparato que debe sacarles del Gran Sasso, vivieron todavía un breve momento de angustia. El capitán del avión duda en despegar con el aparato sobrecargado. Creo que Otto me decía que al subir a bordo dos personas más estaba sobrecargado.
El despegue fue un momento aterrador. Se quedaron sin aliento al ver como el avión vacilaba en la extremidad de la pista y desaparecía de golpe en el abismo, sin velocidad suficiente para sostenerse. Pero al cabo de unos segundos volvió a subir para sostenerse ya en el aire.

El cuerpo larguísimo de Otto Skorzeny, alias Caracortada, en la cama del Hospital Francisco Franco, era ya sólo debacle y ruina. Un cuerpo que ya no le sostenía tras varias operaciones. En el umbral de la muerte era otra persona.
Su anatomía deteriorada por un cáncer terminal no permitía reconocer al coronel que fue, al menos el nazi que rescató a Mussolini, ni al traficante de armas que negociaba en la calle Montera, tampoco a la celebrity que la prensa afín al régimen franquista presentaba, sin remilgos, como héroe de guerra.

A su lado, Ilse. Su Ilse, su esposa, la condesa von Finkenstein. A ella le había encargado que, en sus últimos años de vida, los de él, desentrañase la madeja de sus recuerdos, de sus cuentas bancarias escondidas en paraísos fiscales, de sus tierras... La tuvo, en lugar de acompañar al enfermo, viajando periódicamente a Suiza para entender el entramado financiero que era Otto Skorzeny.
Apenas lo consiguió. Tras morir su Otto, ella no pudo con su ausencia. Guardó todo en un enorme baúl oscuro. Sus fotos, sus archivos... Se dedicó a vivir. Casi tres décadas después (Otto falleció el 7 de julio de 1975], la condesa moriría desamparada
Para ella no hubo los obituarios que tuvo Skorzeny en la prensa española y mundial. Ella fallecía en la Residencia Geriátrica Asistida San Camilo (Tres Cantos, Madrid). No cumplió con la misión que Otto le encomendó tácitamente: que su nombre brillara de nuevo.

El oficial al que los aliados consideraban "el hombre más peligroso de Europa", debía siempre serlo. Ilse le falló. Y a su único amigo de entonces (el único que no le robó o estafó o se aprovechó) le regaló los archivos que Otto le había entregado.
Su amigo y su familia, quienes la salvaron de la mendicidad, fueron los únicos que asistieron a su velatorio. El amigo de Ilse no quería abrir el baúl. Temía que llegaran los nazis y le mataran. Ilse se lo había hecho saber. En esos papeles había planes de guerra, de negocios, secretos que desvelarían el rol de Skorzeny.
Los papeles fueron acumulando polvo. Hasta que en 2010, Luis M. Pardo, guardia civil y en excedencia, se dirigió a su padre y le preguntó, directo: "¿Qué vas a hacer?". El último amigo de la viuda de Skorzeny le dijo que nada, que se lo obsequiaba.

Luis comenzó a descubrir la vida que el nazi no quiso escribir. Y quedó estupefacto. Fotos inéditas, cuentas bancarias, los orígenes de su fortuna, sus aspiraciones como guionista de su propia película... Skorzeny logró la fama mundial al salvar al amigo de Hitler, Benito Mussolini.
Después de la II Guerra Mundial, se convertiría en un hombre de negocios sin escrúpulos: traficante de armas, vendedor de petróleo, representante de las empresas alemanas supervivientes a los juicios de postguerra, aliado del fundador del Club Bilderberg ... Un hombre capaz de desheredar a su única hija (la que tuvo con su anterior matrimonio).
Su centro de operaciones: Madrid. Aquí amasó una fortuna considerable. Sólo en dinero en efectivo le dejó a Ilse el equivalente a 180.000.000 de pesetas (tres millones de dólares de la época) distribuidas en cuentas del Banco Santander, Banco Comercial Transatlántico, Banco Urquijo, The Chase Manhattan Bank of New York, Banco Exterior de España (hoy BBVA), Credit Bank AG, Deutsche Bank AG West, Dresden Bank, Kredit Bank, Schwizerischer Bank-Verim-Basel, Commerzbank International, UBS...

Diferentes pisos y terrenos en Madrid, Andalucía, Irlanda, Alemania, Austria... Era accionista de infinidad de sociedades. Una estimación -a la baja- de una fortuna de más de 1.000 millones de pesetas (para comparar, en esa época, era la mitad del patrimonio de Isidoro Álvarez, consejero delegado de El Corte Inglés; y Cayetana Fitz James Stuart, duquesa de Alba, en 1978, sólo tenía 800 millones más que Skorzeny).
¿Cómo lo logró un hombre que se escapó de un campo antinazi? Franco le ayudó desde el principio de su escapada. Hay cartas de auxilio, solicitudes de salvoconductos, pasaportes emitidos con la venia de las más altas autoridades franquistas: Antonio Garrigues Walker, Juan Vigón, el cuñadísimo Ramón Serrano Súñer...

Según su partida de nacimiento, el nombre completo del coronel nazi era Otto Johann Bapt Antón Skorzeny. Pero no era su única identidad. Fue también Rolf Steinbauer, Hanna Eff Khoury, Frey Hans Rudolf, Hans R Frey...
España le dio documentación con esas falsas identidades. Con ellas negociaba, sin despertar sospechas, acuerdos comerciales del gobierno de Franco con empresas alemanas y egipcias. Era representante de compañías de alta tecnología... En 1967, se hizo público que era él quien, personalmente, negociaba el tratado hispano-anglo-egipcio de petróleo, una operación que le encargó su íntimo amigo Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto.
Su red de contactos impresionaba. Los documentos que encontró Luis M. Pardo desvelaban su relación con los más poderosos magnates. Como Otto Wolff von Amerongen, rostro afilado, ojos azulceleste, espía. Wolff es, además, cofundador del Club Bildenberg. Su relación está completamente probada con cartas que intercambian desde 1956. Varias de ellas desde Portugal (distintas investigaciones sobre Bilderberg han desvelado que en ese país Wolff negociaba el oro robado a los judíos y que trabajaba como doble espía.

Wolff sería el contacto de Skorzeny con la Unión Soviética, donde tenía prohibido el paso. Lo certificaban la mayoría de los pasaportes encontrados que contienen una restricción: válido para todos los países menos para Rusia.
¿Por qué? Europa y EEUU temían que Skorzeny se pudiera vender al bloque soviético... Tras la II Guerra Mundial intenta resucitar la gloria germana. Hay intensos documentos y esquemas sobre lo que él mismo bautizó como Plan Skorzeny. No era otra cosa que preparar un nuevo ejército alemán con los huidos y exiliados para detener el avance del comunismo si la URSS decidía invadir Europa (era el inicio de la Guerra Fría y había un temor fundado, basado en que fueron los rusos quienes realmente aplastaron a los alemanes, tomaron Berlín, y ganaron la guerra).

El plan fue presentado al generalísimo en 1951. Fue el germen de lo que el novelista Frederick Forsyth llamaría Plan Odessa. Lo sorprendente es la forma en que calzan determinados aspectos de la obra de Forsyth con la vida real de Caracortada.
La obra habla de una unión alemana-israelí-egipcia. Y sólo un alto cargo nazi pudo unir esos tres aspectos en su vida: Otto Skorzeny.
Amigo del presidente egipcio, era el negociador alemán por excelencia. Tendría asimismo lazos con los servicios secretos israelíes.
Colaboró con el Mossad. Lo desvelaron documentos de la KGB que filtraron esa información vía la antigua Alemania Oriental. Finalmente lo publicaron los diarios rusos Trud y Konsomolkaya: Skorzeny fue consejero de las Fuerzas Armadas de Israel en la Guerra de los Seis Días, junio de 1967, donde Israel incrementó su territorio tras vencer a una coalición formada por Egipto, Irak, Siria y Jordania.
¿Cómo y por qué Otto Skorzeny colaboraría con el Mossad? Contó Ilse que la única ocasión en que se sintió presionado fue cuando supo que Simon Wiesenthal, el celebérrimo cazanazis, vendría a Madrid a por él. El nivel de informantes de su marido era tan fiable que lo supo seis meses antes. Inmediatamente, sacó un permiso de armas, 4 de marzo de 1965. Efectivamente, el encuentro se produjo.

Wiesenthal se presentó en su vivienda de la calle Callejón de la Plana 19, Madrid (Barrio de El Viso).
"Lo contaba con lagunas su viuda, pero recordaba que estaba preparado con un rifle cargado", cuenta el dueño de la colección Skorzeny. Acostumbrado a impresionar con su estatura, Skorzeny medía 193 cm, respetaba la envergadura de Wiesenthal, 183 cm. El encuentro fue con amenazas mutuas. Así decidiría colaborar con los servicios secretos israelíes, que actuaban con el beneplácito de la CIA.
Para salvar su libertad, una vez más... Skorzeny, en los Juicios de Dachau, 1947, fue procesado por su participación en crímenes de guerra y finalmente absuelto. Se había entregado el 16 de mayo de 1945 a sabiendas de que no había apenas pruebas contra él, más que haber realizado misiones especiales como oficial de alto rango. Tras el veredicto del 47, pensó que sería libre. Erró.

Le condenaron a pasar una temporada en un campo de desnazificación. Su fecha oficial de huida es el 27 de julio de 1948, según distintos libros de historia y reportajes periodísticos. Tras eso, los aliados ordenaron a 1.500 efectivos cazarle por toda Europa.
Se hace pareja de Ilse Lüthje, condesa von Finkenstein, poco tiempo más tarde. Abandona a su mujer y a su única hija por la sobrina de Hjalmar Schacht, ministro de Economía de Hitler entre 1934 y 1937, después presidente del Reichsbank en la II Guerra Mundial. Tras la capitulación, fue exculpado en los juicios de Nuremberg. Se le permitió fundar un banco, el Deutsche Außenhandelsbank Schacht & Co.
Ilse fue clave en la vida de Skorzeny. Con ella logró conocer a la más alta aristocracia germana. Caracortada era hijo de plebeyos austriacos. Consiguió graduarse de ingeniero gracias a una mente privilegiada. Fue en la universidad donde se hizo la cicatriz que da origen a su sobrenombre. No era una marca de guerra, sino resultado de un tradicional combate con espadas entre estudiantes. Su tamaño y profundidad determinaba la bravura del universitario. Siempre se sintió orgulloso de su seña de identidad. Era causa de envidia entre los oficiales de las SS. "Me lo hicieron en un duelo y me marcaron. Pero yo también marqué a muchos", presumía.

Ilse y Skorzeny lograron cruzar todos los controles fronterizos que les pusieron los Aliados. Hasta ahora no se conocía cómo. Entre los archivos propiedad de Luis M. Pardo se encuentra la carta de identidad francesa con la imagen del coronel, pero a nombre de Rolf Steiner Hardt, número 47-AA 40533, expedida en octubre de 1949, con fecha de entrada al país el 8 de junio de 1949. Se descubre que el apoyo de España sería decisivo. Recibe de autoridades franquistas un pasaporte y un salvoconducto verdaderos a nombre de Rolf Steinbauer, de "nacionalidad alemana", válido desde septiembre de 1950. Fue emitido por el consulado general de España en Frankfurt.
Al mes siguiente Ilse y él ya estaban en Madrid. Lo certifican documentos emitidos, ya en la capital, en octubre de 1950, a nombre de la mujer del nazi. El régimen le tenía preparada una vivienda en la calle López de Hoyos 70. Su despacho, también listo, quedaba en la avenida José Antonio 14 (hoy Gran Vía). El siguiente pasaporte emitido por España ya llevaba su nombre real: Otto Skorzeny.

Ian Fleming, el espía inglés que creó el personaje de James Bond, admiraba como muchos otros a Skorzeny y el escuadrón que formó en el lado germano. Y Skorzeny con su colección de pasaportes y visados -provenientes no sólo de Europa, también de Palestina, Paraguay...-, repletos de nombres falsos, parece reclamar un lugar como uno de los más destacados agentes secretos de la Historia.
Uno que, además, no desaprovechaba la oportunidad para obtener beneficios. Llegaría a España para hacerse rico y disfrutar su dinero como un espía playboy: yates, mansiones, alcohol, mujeres...

Las cartas halladas entre Skorzeny y Alfried Krupp von Bohlen und Halbach demuestran la relación entre el ex oficial nazi y el empresario condenado en Nuremberg... Por suministrar armas al III Reich y por "trato inhumano a los prisioneros de guerra que trabajaron en su compañía". Skorzeny se convirtió en su delegado comercial. Su radio de acción iba desde Argentina a Egipto. Cabe señalar que Skorzeny negociaba ya productos de la compañía en España -al menos desde 1954- y Krupp recién inauguró una filial en el país cuatro años después de la muerte de Caracortada. Según la prensa francesa, ese año, a Skorzeny lo habían tentado por 500 millones de francos para rescatar al sultán Ben Yussef de Marruecos (abuelo del actual monarca Mohamed VI), exiliado a la fuerza.
Ese mismo año, en enero, termina el guión de su película. Un filme que tituló Special Mission. Detalla cómo Hitler le encarga salvar a Mussolini, 25 de julio de 1943.

"El Führer: Capitán Skorzeny... tengo para usted una misión importante. Mussolini, mi amigo, nuestro fiel compañero de lucha, ha sido traicionado ayer por su rey... Es pues preciso que sea salvado rápidamente. Skorzeny: Haré cuanto pueda.
Da un golpe leve de tacón y se retira a cumplir una de las misiones secretas más analizadas de la Historia. Un puñado de soldados dirigido por Skorzeny rescatan, sin disparar siquiera, en septiembre de 1943, al Duce de su refugio en el Gran Sasso, en plena cordillera de los Apeninos. Los nazis lo convirtieron en héroe.
En 1966 recibe la carta del hijo de su mayor enemigo, Eisenhower. Distintos informes de la inteligencia aliada demostraron que Skorzeny tenía la misión de matarle en la operación Greif, en 1944. Su escuadrón debía asesinarle por sorpresa. Violando los códigos de guerra, un grupo de 80 soldados alemanes con perfecto dominio del inglés se disfrazaron como miembros del ejército americano y británico. La misión: asesinar a Eisenhower. No tuvo éxito. A pesar de ello, se le consideró desde entonces "el hombre más peligroso de Europa" para los servicios secretos aliados.

Desde 1972, Ilse prácticamente se pasó esos años en Zurich, Suiza, intentando desenmarañar las cuentas familiares. El cáncer de Skorzeny se había propagado a los bronquios. Pero él, fumador empedernido, no dejó de fumar tabaco ni cuando le aplicaban radioterapia. Su cuerpo maltrecho por la enfermedad hizo más notorias sus cicatrices de guerra de la frente, el brazo y el tórax.
En la habitación 388 de la Ciudad Sanitaria Francisco Franco dio las últimas instrucciones a Ilse. Le recordaría su baúl de recuerdos. Las cuentas en Suiza, en Nueva York, en Alemania... Allí lo tenía todo, hasta las cartas de amor que le dedicó antes de su boda. El 5 julio de 1975 murió, a los 67 años, sin responder a las preguntas fundamentales sobre su biografía.

Su mujer derrochó la inmensa fortuna que le dejó. Fue estafada una y otra vez. Sobrevivió porque el único ingreso fijo que tenía, a partir de la muerte de Skorzeny, fue una suculenta pensión que cobraba de la sociedad suiza Panix Finanz AG. El representante legal de esta empresa en España era un ex ministro franquista, hoy directivo de dos empresas del Ibex-35.
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Otto Skorzeny héroe o villano
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Última edición por bitacora el 25 Sep 2016, 21:32, editado 1 vez en total
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Re: Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor JuanDeLezo » 28 Ago 2016, 22:22

¡Bravo, sí señor! Muchas gracias, bitacora.
Sería muy interesante que recuperaras tus fotos con Skorzeny, imagina que la familia de tu jefe las tuviera guardadas junto con otras muchas en una caja medio olvidada… Cosas más raras se han visto y seguro que a ti te gustaría tenerlas aun siendo unas copias.
Abriremos un hilo en otra sección sobre el personaje (a ver si el personal viene ya de las vacaciones) y hablamos largo y tendido.
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Re: Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor chagoroman » 30 Ago 2016, 19:11

Gracias, Bitácora

Extraordinaria vida (independientemente de muchas cosas, claro está) la que vivió Skorzeny.

Gran semblanza la que nos has presentado.

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Re: Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor Heathcliff » 30 Ago 2016, 19:38

Impresionante, Bitácora. Uno es un poco mitómano y me hubiera encantado haber conocido a un soldado como Skorzeny, aspectos políticos al margen.
Muchas gracias por tu aportación al compartir con nosotros esta parte de tu vida tan interesante. :okperfect
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Re: Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor bitacora » 31 Ago 2016, 17:57

[align=justify]Buenas tardes a todos, no se donde podría uniciar una nueva conversación, pues soy nuevo en este foro y controlo los temas y el diseño de la página. Espero no meter la pata. Me gustaría seguir escribiendo sobre las casualidades de mi vida.
Como quiera que que en la calle Montera, mejor dicho en el pasaje de Montera 25-27 había mucha actividad, tuve la suerte de conocer a Skorzeny, pero también conocí a mucha gente que en esa época era importante. Según se entraba desde la calle Montera, al final del pasaje estaba la Plaza del Carmen, con el Teatro y luego cine Madrid.
Entre ellos eran clientes, el piloto de helicopteros de la Casa Real, el chófer del Rey, que nos contaba anécdotas de como el monarca se escapaba en una motocicleta y perdía la pista a todos los escoltas etcc. etcc. También tuve el gusto de conocer, pues el Teatro Madrid estaba a 30 metros del pasaje, a muchos actores, que solo conocía de la pantalla de blanco y negro del televisor de mi casa. Por esa época eran clientes algunos de los actores de teatro, muchos de los que habitualmente trabajaban en el espacio de TV1 Estudio 1. Emotivo recuerdo de KIko Ledgard Presentador del ( 1,2,3 ) que llevaba la muñeca izquierda con al menos siete u ucho relojes, que enseñaba cuando se le preguntaba la hora. El que más me impresionó fue Narciso Ibáñez Menta, ya que su hijo también era cliente nuestro, o sea Chicho Ibañez Serrador. Bueno cuando vi aparecer por primera vez a Ibáñez Menta, me dejó desconcertado, de figura delgada y sutil. Me parecía acorde con la serie Historias para no Dormir.

Bueno que me voy por otro lado, quería contar que gracias a las charlas con mi padre ( marino) y a un almirante, cliente nuestro me alisté en la Armada y quien iba a decirme que en la actualidad ha crecido el interés por un buque donde estuve destinado: "El Galatea" y, a colación del Galatea, buque de tres palos del que apenas se conocen sus andanzas por el gran público y del que llevo varios años recopilando información y fotografías del velero. Desde el año 1922 hasta el 1982 en el que fue dado de baja. En él sirvieron algunos personajes importantes entre los que cabe destacar al escritor Miguel Delibes, y al escrito Luis de la Sierra que fue oficial a bordo del Galatea.

Os dejo aquí la portada del último libro de 516 páginas sobre el Galatea y en el siguiente post os dejaré alguna pequeña narración del libro, quizás entre ellas uno de los muchos temporales que corrió.


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Re: Skorzeny, Otto - La guerra desconocida

Notapor bitacora » 31 Ago 2016, 18:59

Os dejo una pequeña reseña del libro. Lo prometido es deuda.

Cuando no tienes ni veinte años, ni tres días de viaje en uno de aquellos “borregueros” de madera que se arrastraban con parada en todas las estaciones, apeaderos y charcos te quitan esa ilusión. Llegas a destino, pisas el andén… te ves envuelto en una bulliciosa masa de viajeros, entre los que destacaban marineros vestidos de blanco con el lepanto girando entre los dedos.
Y notas en el interior un estremecimiento al sentir que tu vida ya no será la misma. Tu soñado deseo de poder hacerte a la mar se vería cumplido mucho antes de lo que esperas, pues allí mismo y a escasa distancia te esperan tres mástiles con vergas cruzadas, que en breves días después de finalizar el período de instrucción, inflarían sus velas y pondrían rumbo muy lejos del hogar.
Días antes aguardaba inquieto, sentado en el duro banco de madera del vagón de tercera clase, la hora de partida desde su pueblo natal. El tren al comenzar a moverse parecía vomitar humo y fuego, dejando lentamente atrás el familiar entorno del joven, repleto de naranjos y limoneros que después de haber dado ya su fruto cubrían el campo de vistosos colores tamizados por el verdor de sus hojas. Va quedando atrás el campanario de la iglesia, rodeado de incontables casas encaladas de blanco con sus resplandecientes tejados rojizos, que aún en la distancia podía reconocer individualmente. A los pocos minutos, con lágrimas en los ojos, apenas distinguía del núcleo urbano un punto blancuzco entre las copas de los verdes árboles, y al fondo la montaña. Al girar la cabeza hacia la dirección del viento, el aire enjugó rápidamente sus húmedas mejillas notando como si diminutos cristales de sal le quemaran el rostro. Es lo que tiene ser joven.
Después de un incesante deambular por las calles ferrolanas, ya al ocaso del día, decidió dirigirse al cuartel. Era noche cerrada cuando a los recién llegados se les ordenó formar en el patio de armas...

A la llegada al buque
Era un día lluvioso, plomizo y triste. Llegamos con la bajamar. Lo primero que veías era la arboladura, como surgiendo de las aguas. Al acercarse descubrías el casco, blanco, que se ocultaba tras el grisáceo muelle de hormigón. La borda del bricbarca estaba a la misma altura que la superficie del espigón, por lo que la plancha de acceso quedaba horizontal. No nos costó esfuerzo alguno adentrarnos en su cubierta de madera, cuyo embreado de color negro recubría el calafateo, separando levemente sus tablas de cedro, abarrotada de adujas, cabilleros, motones, cáncamos, y un sinfín de accesorios y cabuyería, desconocidos hasta entonces para nosotros, y que pasado el tiempo serían tan usuales en nuestra nueva vida.
El buque nos parecía tan sombrío como el entorno de la Ría ferrolana, cuya superficie del agua sólo mostraba el chispear incesante de minúsculas gotas de agua que en su lloro dejaba caer el cielo. En esos instantes recordados una y cien veces en mi cabeza, el silencio fue roto por el penetrante y agudo sonido del silbato del contramaestre de guardia, que acompañado con un reducido grupo de la guardia militar, procedían al arriado de la bandera.
Una sensación agridulce me recorrió la garganta bajando voraz y estrepitosamente hasta la boca del estómago, agolpándose dentro de mí las imágenes de mis familiares y amigos de los que sólo me separaban unas horas, y a los que no volvería a ver en mucho tiempo. Pasados esos momentos, uno a uno fuimos desfilando con el petate a cuestas dejando atrás el espigón del muelle, y tras entrar en un edificio de ladrillo, granito y cemento pintado de blanco, se nos indicó que en la segunda planta esperaban ávidas por acogernos, las taquillas y literas, cuya asignación se iba a realizar antes de la tardía cena que sería servida en el sollado, a proa del buque.
A pesar de los apodos que llevábamos cada uno del cuartel de instrucción de San Fernando, casi ninguno de ellos trascendió al nuevo destino. Parece ser que casi todos se quedaron en tierras gaditanas, aunque inevitablemente volverían a surgir nuevos calificativos.
Al caer la tarde, la incesante lluvia dejó de ser protagonista y entre las nubes hizo aparición un tímido sol crepuscular, que poco a poco y con un tono rojizo abandonó definitivamente el cielo.
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